HISTORIA DE LOS PROTESTANTES ESPAÑOLES

¿Perdón por la Inquisición? Artículo de José Grau

Sólo el terror de la asfixia repetido infinitas veces era de por sí un tormento angustioso. Cuando el estómago se distinguía e hinchaba de manera grotesca, se inclinaba la víctima con la cabeza hacia abajo; la presión contra el diafragma y el corazón ocasionan estados de sufrimiento inimaginables, sufrimientos que el verdugo aumentaba golpeando el abdomen.

No lo ha hecho todavía. Se lo piensa. Lo que sí hizo en Praga, en 1995, fue lamentar las violencias religiosas del pasado y, sin pensárselo dos veces, canonizar a un siniestro inquisidor checo del siglo XVI, Sarkander.

¿Perdón sin contrición? ¿Es ésta la clase de perdón que espera pedir: perdón sin arrepentimiento? ¿Qué nueva táctica esconde esta maniobra?

Acaba de cumplir veinte años de su pontificado. Y se apresta a entrar en el nuevo siglo con la celebración del "JUBILEO 2000" en el que anuncia entonó el "mea culpa" por los abusos de la Inquisición.

Hay precedentes de este gesto en los últimos meses. Pidió perdón a los protestantes franceses por la matanza de San Bartolomé, llevada a cabo en agosto de 1572, y en la que fueron asesinados 30.000 hugonotes. También ha querido hacerse perdonar por los judíos en un documento en el que la Iglesia Católica Romana pide disculpas por haber condenado históricamente al pueblo judío a la maldición, contribuyendo así poderosamente al mismísimo holocausto nazi. Desde hace cuatro años, Juan Pablo II viene dando esta nota de penitente en nombre de la Iglesia de Roma, dentro de un marco de promoción del ecumenismo católico. Al presentar su duodécima encíclica, "UT UNUM SINT", dirigida no solamente a los feligreses suyos sino también a "los hermanos y hermanas separados de las demás Iglesias y Comunidades eclesiales", el papa enfatiza su empeño ecuménico que deberá presidir todas las celebraciones del Jubileo del año 2.000, como pone de manifiesto inequívocamente la llamada "exhortación apostólica" "TERTIO MILLENIUM ADVENIENTE".

Es en el trasfondo de los actos de dicho Jubileo que se ha desarrollado el simposio sobre la Inquisición en el que el Papa ha manifestado estar dispuesto a pedir perdón por los que él denomina "abusos históricos de la Iglesia".

Simposio Internacional sobre la Inquisición

No todos lo expresan tan claramente como Eduardo Haro Tecglen en EL PAÍS (3-11-98): "Dirán lo que quieran: no me lo voy a creer". Aunque de manera más diplomática, se está dando un cierto consenso de escepticismo como reacción a las palabras del Papa. En el Simposio Internacional sobre la Inquisición, convocado en el Vaticano, Juan Pablo II ha pedido a sus historiadores un análisis de lo que fue realmente aquel pavoroso tribunal llamado -para mayor escarnio- el "Santo Oficio". La Iglesia católica romana, al parecer, se dispone a pedir perdón por lo que ella califica eufemísticamente de "abusos de la Inquisición". Pero, eso sí, "los cometidos, ni más ni menos", cuyo alcance han intentado precisar los especialistas en la materia, siguiendo la metodología ya utilizada para el estudio de la responsabilidad histórica de la Iglesia en el antisemitismo.

Hay rumores de que el Papa tiene previsto un acto público en el que pedirá perdón por todas "las culpas del pasado" el miércoles de ceniza del año 2000 en el Coliseo romano. De ahí que las reuniones con los historiadores en el mencionado Simposio no hayan sido consideradas como el momento adecuado para pedir perdón. Antes, el Vaticano quiere medir "el alcance exacto de la culpa", minimizada por algunos y exagerada por otros. Juan Pablo II precisó: "El magisterio eclesiástico no puede emprender un acto de naturaleza ética, como es la petición de perdón, sin antes informarse exactamente sobre la situación de aquel tiempo. La Iglesia no pide a los historiadores un diagnóstico ético, pero sí ayudar a la reconstrucción lo más precisa posible de los acontecimientos, de los usos y de la mentalidad de entonces a la luz del contexto histórico de la época".

Es muy legítima esta búsqueda del contexto histórico para determinar la exacta medida de la culpa, pero muchos tenemos la impresión de que tras la respetabilidad del rigor académico que se pretende dar existen otros motivos.

¿Fue la culpa solamente de los tiempos bárbaros?

El corresponsal en Roma de ABC (1-11-98) admite claramente que "el resultado probable de los trabajos del Simposio será que los abusos de la Inquisición católica -doloroso cada uno de ellos- resultarán comparativamente menores que los de otras religiones o los de muchos regidores de pueblos en el pasado y el presente". Muy en el espíritu de la casuística romana. Se busca, en primer lugar, la descarga de la responsabilidad en la violencia característica de otros tiempos. Como escribe el ya citado E. Haro Tecglen, "ha encargado un informe a sus historiadores, para que mantengan la idea de que el crimen, la tortura, el expolio, la persecución, y la puesta en fuga de millones de desgraciados hay que colocarlas dentro de la violencia de su tiempo".

Pero los que conocen bien la historia -aun admitiendo la brutalidad de unos comportamientos habituales durante siglos (¿quién los perpetuaba siglo tras siglo?)- recuerdan las voces de cristianos como Ramón Llull, Pedro Valdo, Juan Huss y el mismo Martin Lutero afirmando que la persecución, tortura y ejecución de los disidentes no es conforme al Evangelio. ¿Quién silenció o trató por todos los medios de silenciar estas voces? ¿Tendremos que pedir perdón nosotros a la Inquisición? Por otro lado, percibimos en la maniobra vaticana el viejo truco de los niños: "Pero tú más que yo".

"Fue quemada más gente por brujería en Alemania que por la Inquisición en España", manifestó José Ignacio Telechea, de la Universidad Pontificia de Salamanca, citando a otros asistentes al Simposio. Con sus cálculos particulares aseguraba que "en toda la historia de la Inquisición se ejecutaron a dos mil personas" solamente (ABC, 3-11-98). Este dato, quiere puntualizar J.I. Telechea, "relativiza la Inquisición con respecto a otras instituciones". Admite que estas cifras se consiguen "prescindiendo de los primeros quince años de los que no se tienen datos precisos, cuando fue muy dura sobre todo en el Sur de España". Todos los estudiosos convocados por el Papa, con mínimas excepciones, forman un coro para negar el rigor despiadado y la crueldad extrema que se atribuyen a la Inquisición. Según ellos, la Inquisición ha sido víctima también del efecto devastador de la propaganda protestante. ¿Vamos a tener que ir los protestantes en peregrinación a Roma para pedir perdón por nuestras "exageraciones" al enjuiciar la Inquisición?

Todos queremos rigor histórico para juzgar el pasado, pero la maniobra vaticana es tan descarada que se delata a sí misma.Desde el primer momento del Simposio vaticano se puso de manifiesto el intento de echar las culpas en cabeza ajena. ¿Había que hablar de la Inquisición, en singular, o de las Inquisiciones, en plural? Utilizar el plural podría significar una manera de relativizar la responsabilidad de la Iglesia de Roma en los métodos de violencia practicados. El cardenal francés Roger Etchegaray ha tenido que admitirlo: "No podemos ignorar que para algunos el empleo del plural constituía un argumento de carácter apologético para hacer responsable a los poderes laicos, y sólo a ellos, de las torturas del polémico tribunal. La historiografía más reciente -añadió Etchegaray- subraya que si la Inquisición pudo adoptar, según las circunstancias y los lugares, modelos de organización diferentes, la institución como a tal, desde su nacimiento en el siglo XIII, hasta su desaparición en el XIX ha sido una sola. Los poderes de intervención de la corona española o la portuguesa no cambian en absoluto el carácter eclesiástico de la institución, puesto que tales poderes eran concebidos, o retirados, por el Papado y la jurisdicción ejercida por los inquisidores fue siempre de naturaleza eclesiástica" (LA CROIX, 31-10-98).

¿Se condenará la Inquisición y se seguirá canonizando a los inquisidores?

¿Y el deseo de enmienda? ¿Surgirá la petición de perdón de un arrepentimiento genuino? Porque, hasta el día de hoy, los métodos de la curia romana con los que disienten del Papa parecen ser heredados más de la mentalidad inquisitorial que del espíritu de contrición. Que se lo pregunten a Leonardo Boff y a Hans Küng, entre otros. No hace mucho, Küng declaraba a la prensa: "La Iglesia no puede ser gobernada sin la participación de las bases" y la definió como "un Estado absolutista en el que el Papa adopta posturas dictatoriales del pasado". No preguntemos a Roma si los pontífices que inventaron la Inquisición deben ser rectificados. ¿Cuándo se ha visto que un Papa critique o condene a sus predecesores? Puede olvidarlos, pero nunca criticarlos. El Papa pedirá perdón por la Inquisición, pero seguirá canonizando a los inquisidores.

Este artículo fue escrito por José Grau, publicado en "El Eco Bautista" (Año X, Nº 54 / Enero Febrero 1999) y reproducido aquí con permiso de ALTERNATIVA 2000.

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