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Peret
La misma apatía por los temas espirituales que él confesó haber estado permitiendo durante todos estos años la llevó consigo un día de 1982 en el que, interesado tan sólo por algo de una historia de las muchas relatadas en la Biblia, visitó una iglesia evangélica. Una pequeña iglesia que se reunía en una casa particular de un pueblo de Barcelona llamado Rubí, y a la que después de aquel día continuó siendo invitado en otras muchas ocasiones por Modesto Maya, diácono de esta y amigo suyo de la infancia. Fue en la tarde del viernes 26 de diciembre de ese mismo 1982 cuando Peret definitivamente fija el nuevo rumbo de su vida. "Antes yo estaba muerto porque no tenía a Dios conmigo, y ahora estoy vivo" declaraba ilusionado a la prensa cinco meses después. Posteriormente, su esposa Santa, y su familia, a excepción de su hijo Peret, deciden seguir esos mismos pasos. Pronto este acontecimiento se hizo tan público como lo había sido su misma persona, de forma que todos sabían que Peret, no sólo se había transformado en algo raro, sino que también estaba anunciando su retirada del mundo del espectáculo. De hecho abandona el que -según él- pudo haber sido el contrato más importante de su vida, en Estados Unidos. "Mi vida profesional se va a acabar aquí. A mi me gustaría poder hacer galas cantando canciones para el Señor, para la gloria del señor, pero esto no creo que sea posible". Una vez cumplidos sus contratos Peret se sumerge en el desconocido y la prensa comienza a acusarle de oportunista, presuponiendo que su voz estaba acabada. Durante los años siguientes la voz de Peret estuvo oyéndose solamente en la pequeña iglesia a la que pasó a formar parte y en los pocos medios de comunicación ahora interesados en él. "A los creyentes no les voy a dar ningún consejo -decía a los pocos meses de su conversión-, porque probablemente sería malo. Imagínate tu a un crío -yo soy un crío de dos meses, tengo dos meses de vida- dando consejos a los cristianos; prefiero que ellos me los den a mi", decía con toda la inocencia del mundo. Sin embargo su antigua y prestigiosa posición, su rápido aprendizaje de las Escrituras y su elocuencia a la hora de hablar sorprendieron tanto a estos cristianos que pronto pasó a darles, no consejos, sino un auténtico pastoreado en nada más y nada menos que cuatro iglesias locales. Toda la tarea que eso significaba no le dejaba tiempo para la música aunque según confesaba nunca sintió nostalgia por los tiempos pasados. Nunca, hay que suponer, hasta que por dudosas razones (aunque él mismo habló de haber sido herido por algunos abusos del lado menos ortodoxo de la iglesia evangélica) Peret decide volver al escenario dejando atrás esas responsabilidades en las que había estado tan ocupado. Su primer trabajo discográfico será -comprensiblemente- un álbum doble con sus grandes éxitos remezclados y actualizados. El polvorín que se produjo en algunos sectores evangélicos al contemplarle nuevamente entre bailarinas cantando "Barcelona tiene poder", en lugar de "Cristo tiene poder" -tal y como lo hacía en la iglesia- no ha tenido paralelo. Ante las dudas él no ha dejado de confesar que continúa con su fe, aunque en este nuevo trabajo no pueda hablar de ello tan a menudo. Trabajo que le ha permitido grabar no sólo más canciones, sino también películas como "Alma Gitana", en la que interpreta uno de los personajes principales tal y como lo había hecho antes de su conversión al cristianismo en otras -también según él- 5 ó 6 películas diferentes. "Son los únicos libros que tengo: la Biblia -decía Peret unos meses después de su vuelta a los escenarios-. Ahora estoy aquí, en el estudio, y con las partituras y las letras de las canciones hay Biblias. También las tengo porque me gusta consultar, no querría caer el error de decir y cantar una cosa que no fuera cierta". JPF. 1996. |