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Enrique Fernández Fernández
Madrid, 1929.
Ni la ordenación sacerdotal, ni su primera misa, nos confiesa,
“consiguieron acercarle más a Dios”. Pero la lectura de “El Don
Inefable”, que le impulsó a leer intensamente el Nuevo Testamento,
sí pudo hacerlo. Porque, como añade, “según penetraba
en el conocimiento de las Escrituras, sentía en mí como una
realidad tajante las palabras de la epístola a los Hebreos: ‘Que
la Palabra de Dios es viva y eficaz’”.
Su estancia en la casa holandesa para exsacerdotes y en el Instituto
Bíblico de Bruselas, le capacitó para el ministerio evangélico,
que después desarrollaría en América.
El 3 de febrero de 1962, en San José, Costa Rica, unió
su vida a la de Margarita Alonso Castaño, teniendo como pastor a
Rubén Lores y, entre los testigos, a Wilton M. Nelson.
Su libro “Las Biblias Castellanas del exilio” (Caribe, 1976), fruto
de una tesis doctoral, es de consulta obligada.
G.F.C.
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