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David Bea
David Bea nació -el 23 de diciembre de 1973- en el seno de una familia cordobesa en la que nunca faltaron artistas y músicos con un muy destacado talento: es el caso, por ejemplo, de su hermana Belén (del dúo Francisco y Belén), Eva Bea (profesora de Ballet y responsable de una cinta editada por Mecovan) o su tío Rafael Colorado (músico profesional). El mismo no tardaría mucho en destacar entre todos ellos como un fiel admirador de Elvis Presley y Mahalia Jackson. Desde aquella temprana juventud David comenzó a ver en su voz y en su guitarra los símbolos de todo aquello a lo que podría llegar a ser a semejanza de lo que sus héroes ya lo habían sido. Este sueño tomaría más cuerpo cuando comenzó a tocar en bares, junto a sus amigos durante los años que pasó en Madrid estudiando la profesión de su padre, joyero. Con su vuelta a Córdoba en 1992 este músico consigue poder prestar una mayor dedicación a un grupo llamado Roca Viva, en el cual había estado ya desde diciembre de 1990 tocando los teclados. Este era un grupo de corte folk-melódico que Dale, ex-dúo Monteolivo, había formado con un fin muy diferente al que había cautivado en un principio a David, pero que le sirvió para comenzar a dar sus primeros pasos. Después de multitud de actuaciones por toda Andalucía esta formación desapareció dejándonos una única grabación oficial, tristemente titulada como el mismo grupo, y grabada en los estudios GYSE de Sevilla. En esta David Bea participó, no sólo con sus intervenciones al teclado, sino también con su voz y una canción accapella, muy al estilo de lo que había estado escuchando durante tanto tiempo en boca de los grandes del gospel. Una vez desecho el grupo David vio su camino libre para comenzar una, especialmente en aquel momento, arriesgada carrera en solitario. Así que durante el mes de julio de 1993, después de haber practicado mucho sus propias canciones se encerró en los estudios de Mecovan (Málaga) con el fin de grabar su soñado debut titulado "Siguiendo el Camino". Después de la grabación de esta cinta no tardaría en encontrar una banda que le estaría acompañando durante los primeros conciertos que daría por toda Andalucía. En una de esas actuaciones, en un congreso de jóvenes cristianos celebrado en Armilla (Granada) llamado Timoteo ´93, se produce su crucial y primer encuentro con Adolfo Rivero. Aunque en un principio desecharía la oferta con el tiempo este experimentado guitarrista acabó produciendo su segundo trabajo; un trabajo que le devolvería el sueño que había estado interrumpido todo este tiempo y que nunca podría alcanzar sin un cambio radical en sus letras. A partir de este momento las canciones que compondrá estarán menos centradas en su experiencia con Dios, para dejar sitio también a todo un abanico de sentimientos y experiencias con las que todo creyente se enfrenta en la vida. Al igual que Bruce Springsteen, ante quien -según confiesa- siente verdadera admiración, David Bea se centra en el concepto del transcurso del tiempo y de la vida. No ocupando él en su obra el lugar de un mero observador, sino incluyéndose primeramente a él como protagonista, y muchas veces víctima, de ese mísero espectáculo que es la vida. Es de la 'calle' o del mismo 'camino', -es decir- de la vida, de lo que tratan al fin y al cabo sus dos primeras grabaciones y por lo tanto lo que une una época con la otra. Es de agradecer -lo digo por todo esto- que haya músicos que no se limiten sólo a dar su visión de quién es Dios (visión por otro lado muy subjetiva), sino que también los haya quienes den su opinión de cómo es el 'camino' a los ojos de un creyente. Este segundo trabajo grabado por Adolfo Rivero en directo en julio de 1995 y titulado "El Precio del Dolor" es, entre otras cosas, el primer intento de dar un giro e introducirse en la industria profesional de la música. Mientras esto ocurre, y con la asesoría de este prestigioso músico, prepara un tercer trabajo más incisivo y conceptual que espera poder distribuir en una escala mucho mayor que en la que ha estado trabajando hasta ahora; en la que por cierto, en poco tiempo, ya se ha ganado un reconocido, importante y merecido lugar. JPF.1998. |