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Plutarco Bonilla Acosta
Las Palmas, 1935.
De los evangélicos españoles que escriben en América,
para mí nada fáciles de investigar y seguir, nos ocupamos
ahora de Plutarco quien, hasta los diez años, no se enteró
de que se llamaba así por el homenaje que su anticlerical padre
quiso hacer a un Presidente de Méjico, Plutarco Elías Calles.
Ya que siempre decía públicamente que se debía al
autor clásico. Pasando los años, estudió en
Grecia, enseñó filosofía griega en la Universidad
Central de Costa Rica y reunió la mayor biblioteca costarricense
de autores griegos.
“Los milagros también son parábolas” (Caribe, 1978),
testifican de sus inquietudes bíblicas, y de su rectorado en el
Seminario Bíblico Latinoamericano, en San José, Costa Rica.
Donde vive, desde que llegó para estudiar la Biblia y la Teología
en esa misma institución, a la que llegó en 1955.
La mayoría de sus trabajos han ido viendo la luz
dispersos en publicaciones como "Pastoralia”, del Centro Evangélico
Latinoamericano de Estudios Pastorales (CELEP), que dirigió; la
reciente “Signos de Vida”, auspiciada por el Consejo Latinoamericano de
Iglesias, y que se publica en Quito, Ecuador; y “Traducción de la
Biblia”, publicada en el Centro Regional para las Américas de las
Sociedades Bíblicas Unidas, en Miami, USA., para la que sirve como
editor desde abril de 1992.
Viajero constante, estudió Biblia en Princenton; griego
moderno, en Atenas; y filosofía, en la Complutense.
Actualmente es Asesor de Traducciones para las Sociedades
Bíblicas Unidas y trabaja en la Revisión RVR 95 y Edición
de Estudio de RVR´95 y DHH, donde tiene como entrañable colega
a Daniel, retoño de su segunda esposa, Esperanza, natural de Costa
Rica. En primeras nupcias, unió su vida a Marta Fernández,
chilena, que le dio sus tres primeros hijos: Priscila, Jonatán y
Pablo Eliás. Los dos primeros varones ya le hicieron abuelo.
Además de nuestra relación con las Sociedades bíblicas,
comparto con él una gran admiración por Canarias y Unamuno.
Por Canarias, que es su tierra, donde se le recuerda como “Hijo
Ilustre” y que por mi boca supieron del Doctorado en Divinidades, que le
fue concedido por el Centro de Estudios Teológicos del Sur de Florida;
por “la significativa contribución de Bonilla al pensamiento teológico
latinoamericano, así como su aporte a la comprensión y el
diálogo entre diversos sectores cristianos en América Latina,
Estados Unidos y Europa”.
G.F.C.
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