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Juana III de Albret 

(1528-1572) "Mujer de gran talento, de extraordinaria cultura, de firme carácter, de inquebrantable energía, de elevadas ideas y de bondadosos sentimientos", como resumió uno de sus biógrafos; Juana III de Albret, Reina de Navarra, es acreedora del reconocimiento y gratitud de los protestantes españoles. A quienes conoció de cerca, teniendo a su servicio al reformador español Antonio del Corro , como profesor de español para su hijo, el futuro rey Enrique IV de Francia. Y a los que favoreció, ofreciendo ayuda en la preparación de la primera Biblia en castellano y patrocinando la versión del Nuevo Testamento, realizada para los vascos por Juan de Lizárraga. 

Nació en Pau. Y sus padres, los reyes Enrique II y Margarita de Navarra (ver), le obligaron a casarse cuando sólo contaba doce años. El matrimonio no llegó a consumarse y, años más tarde, terminó siendo anulado por el Papa. En 1548 se casó con Antonio de Borbón, con el que tuvo cinco hijos. Enrique, ya presentado, y Catalina, fueron los únicos que superaron la infancia. 

Aceptó el Calvinismo, en el año 1560. Escribiendo en sus Memorias: "Dios por su Gracia me ha retirado de la idolatría y estoy muy dichosa por haberme recibido en su Iglesia". 

Para mantener la independencia de su pequeño reino y la libertad de sus súbditos, luchó contra los poderosos y tiránicos Francisco I, rey de Francia, y Felipe II, rey de España; quienes se disputaban el dominio de la Baja Navarra. Y la misma oposición y resistencia, presentó a jesuitas e inquisidores cuando intentaron establecerse en sus dominios; temiendo por la integridad de la vida y las conciencias de los suyos. 

Aceptó la Palabra de Dios en su mente, la predicó en sus territorios, la enseñó a sus hijos y la bordó en su bastidor. En este último caso, representó una serie de escenas del Antiguo Testamento sobre la liberación del pueblo de Dios. Permaneciendo fiel a la Reforma hasta su muerte, en Paris.