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Felipe II y los protestantes 

Felipe II (Valladolid, 1527-1598, El Escorial). El largo reinado de Felipe II (1555-1598) coincide con el desarrollo de la Reforma en España y con la sistemática e implacable persecución contra las vidas, hacienda, literatura y memoria de los protestantes españoles. Unos, notables por su cuna. Otros, vasallos anónimos. En Europa o América, no importaba. Contra todos procedió con sus soldados, diplomáticos, frailes e inquisidores. 
El famoso descendiente, y alumno de los intolerantes Reyes Católicos y Carlos I, estaba muy bien informado y directamente comprometido en las decisiones del Santo Oficio. Así queda probado por la correspondencia y documentación conservada hasta hoy, en los archivos españoles y vaticanos. 
En Valladolid, entonces capital de España y su cuna como primer acto público en su condición de rey, presidió un Auto Público de Fe, celebrado el 8 de octubre de 1559. Allí varios protestantes, hombres y mujeres, fueron entregados a las hogueras. 

Algunas víctimas de la inquisición Española, estaban muy relacionados con la Corte. Ejemplo son los predicadores imperiales Doctores Cazalla y Constantino; militares como Don Carlos de Seso; funcionarios como Pérez de Pineda; o jerónimos como Antonio del Corro, Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera. 

Tanto Pérez de Pineda como Antonio del Corro dedicaron libros a Felipe II. Si hubiera prestado atención a tan bíblicos y sabios consejos, que podemos encontrar en su "Carta a nuestro augustísimo Señor Príncipe Don Philipe" (Ginebra, 1557), "Suplicazión a la Majestad  del Catholico Rey Don Philipe" (Ginebra, 1557) o "Lettre envoyée a la maiestre du roy des Espaignes" (Amberes, 1567), otra podría haber sido su historia personal y la de millones de sus gobernados en el Viejo y Nuevo Mundo. 

Ayer y hoy en los libros de historia, desde los que nos encontramos al ir a la Escuela, instituto o universidad, se nos presenta a Felipe II como el campeón del cristianismo y de la Fe. Con todo, corresponde mejor que le recordemos como un enemigo de Dios y esclavo del Romanismo que rechazó la reforma. Y, aunque admitamos que la imagen que propagó John Montley y que muchos mantienen es parcial, nos parece también alejada de l a realidad la reciente absolución de Henry Kamen. 

Los tribunales del Santo Oficio que exportó a Lima (1570) y México (1571), como a territorios europeos sometidos a la corona española, universalizaron su fanatismo. Que con la construcción de San Lorenzo del Escorial, desde su intención fundacional, sus relicarios y las decisiones allí tomadas, son el principal fundamento de una "cátedra" de intolerancia religiosa, que le ha sobrevivido y se alimenta de que la persecución religiosa es una tentación permanente. Hecho este último suficientemente probado por las actuaciones de católicos, protestantes, musulmanes, comunistas y paganos, ayer y hoy. 

Los jesuitas de Fe Católica, la Asociación Felipe II y dominicos como un prior jerezano de 1986 son muestras actuales, suficientes pero no únicas, de lo anterior. Pero nos felicitamos de que el creciente interés social por el pluralismo y la convivencia religiosa, esté cambiando nuestra historia y mentalidad. Con realidades tan prometedoras como vemos en la propia ciudad del Escorial, donde, los evangélicos usan el antiguo convento que habitó Felipe II y tienen anunciado su lugar de cultos. Y nuestro rey actual, descendiente de aquel y educado inicialmente con la misma intransigencia religiosa, recibió del comité organizador del VI Congreso evangélico Español, que le entregó las conclusiones y la traducción bíblica de Reina y Valera.